Hace cuatro años, Rusia atacó y ocupó la Central Nuclear de Zaporizhzhia, la mayor central nuclear de Europa.
Rusia la convirtió en una base militar, interrumpió su funcionamiento normal, dañó infraestructuras, detuvo a empleados de la planta y restringió el acceso de expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica a áreas críticas de la instalación, lo que impide realizar una evaluación completa y objetiva de la seguridad.
Cuatro años de control ilegal representan una amenaza directa para la seguridad nuclear mundial. Por primera vez en la historia, una instalación nuclear civil de esta magnitud está siendo operada no por su operador legítimo, sino por un Estado agresor.
La única vía para restablecer la seguridad es la retirada completa e inmediata de las fuerzas y del personal militar ruso de la planta, su retorno al control de Ucrania, la liberación de todas las personas detenidas ilegalmente y el aumento de la presión internacional, incluidas sanciones contra Rosatom.
La Central Nuclear de Zaporizhzhia fue y sigue siendo una instalación ucraniana. Su retorno no es solo una cuestión de soberanía de Ucrania, sino también de seguridad global.