El 31 de marzo se conmemora el aniversario de la liberación de Bucha de las fuerzas rusas.
Hace cuatro años, el mundo vio lo que Rusia intentó ocultar: civiles asesinados en las calles, fosas comunes en patios residenciales y abundante evidencia de torturas y abusos.
Bucha se convirtió en un punto de no retorno. El mundo comenzó a conocer la verdad sobre los crímenes de guerra de Rusia. Fue entonces cuando muchos comprendieron plenamente que la guerra de Rusia es una campaña de violencia sistemática: una guerra contra la humanidad, la dignidad y el propio derecho a la vida.
Agradecemos a los defensores ucranianos que expulsaron a las fuerzas rusas de Bucha. Honramos y recordamos a quienes dieron su vida en estas batallas, así como a quienes fueron asesinados como resultado de la agresión rusa.
Rusia no debe eludir la rendición de cuentas por sus crímenes — en Bucha y en cientos de otras ciudades, pueblos y aldeas de Ucrania. Porque cuando no hay castigo, el mal se multiplica. Y cuando el crimen se normaliza, se convierte en una invitación a cometer nuevas atrocidades.
La presión, las sanciones y un tribunal internacional no son solo herramientas políticas. Son instrumentos para proteger la vida humana y garantizar que la palabra “Bucha” represente no solo una tragedia, sino también la inevitabilidad de la justicia.