Hace 12 años, el 16 de marzo de 2014, Rusia organizó un “referéndum” ficticio e ilegal bajo la mira de las fuerzas militares rusas en la República Autónoma de Crimea y la ciudad de Sevastopol. Apenas unos días después, los ocupantes rusos utilizaron este acto, carente de cualquier validez jurídica, para crear una apariencia de “fundamento” para la anexión ilegal de la República Autónoma de Crimea y la ciudad de Sevastopol.
La ocupación de territorios ucranianos constituyó una grave violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, así como de los principios fundamentales del derecho internacional, en particular de la Carta de las Naciones Unidas, el Acta Final de Helsinki y otros documentos internacionales fundamentales.
El intento de anexión de Crimea ha sido condenado por un amplio consenso de los Estados miembros de la ONU en varias resoluciones de la Asamblea General. Nadie en el mundo, salvo unos pocos regímenes aliados de Moscú y aislados internacionalmente, reconoce la anexión rusa de la península.
Bajo las bayonetas de los ocupantes rusos, la península ha sido sometida a represiones masivas y graves violaciones de los derechos humanos. Rusia ha convertido Crimea en un territorio de ilegalidad, donde las personas son intimidadas, perseguidas y encarceladas simplemente por el idioma que hablan, las opiniones que sostienen o la fe que profesan. Durante los años de ocupación, Rusia también prohibió ilegalmente el Mejlis del pueblo tártaro de Crimea y forzó el cese de las actividades de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana.
El pueblo originario de Crimea, los tártaros de Crimea, ha sido objeto de persecuciones particularmente brutales. Por segunda vez en setenta años, Moscú les ha arrebatado su tierra natal, tras el genocidio de la deportación de 1944. Decenas de miles de tártaros de Crimea se han visto obligados a abandonar la península ocupada, al igual que ocurrió con la generación de sus padres y abuelos. Quienes permanecen allí son perseguidos e intimidados.
En total, durante los años de ocupación al menos 430 personas han sido sometidas a procesos judiciales con motivación política, aunque el número real puede superar las 500, ya que las autoridades de ocupación no informan públicamente sobre todos los casos. Actualmente, casi 300 personas permanecen en cautiverio ruso en virtud de acusaciones políticamente fabricadas, entre ellas 159 tártaros de Crimea. Exigimos su liberación inmediata y su retorno seguro a Ucrania, así como el respeto de sus derechos y la provisión de la atención médica necesaria, de conformidad con el derecho internacional humanitario.
Instamos a las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, así como a defensores de los derechos humanos y activistas, a mantener en el centro de atención las violaciones de los derechos humanos cometidas por Rusia en Crimea.
A pesar de la presión del régimen de ocupación, en la península persiste la resistencia a la ocupación y hay personas que siguen llevando a Ucrania en el corazón. Recordamos a estas personas, conocemos su postura y nunca dejaremos de luchar por la liberación de la península.
Rusia también viola gravemente el derecho internacional humanitario al cambiar por la fuerza la composición étnica de la población, llevar a cabo movilización forzada en la península y destruir sitios del patrimonio cultural y lugares históricos. Insistimos en la necesidad de que estos y otros crímenes de los ocupantes sean castigados.
Durante los años de ocupación, Rusia ha convertido de facto a Crimea en una base militar y en una plataforma para nuevas agresiones contra Ucrania, así como para la desestabilización de la región del Mar Negro y de Europa en general. La militarización de Crimea tiene un impacto negativo en todos los Estados del Mar Negro. El Mar Negro solo se convertirá en un espacio de seguridad, prosperidad y paz tras la desocupación de la península de Crimea y su retorno a Ucrania.
Reiteramos nuestra exigencia de que la República Autónoma de Crimea y la ciudad de Sevastopol vuelvan al control de Ucrania. El Estado ucraniano nunca reconocerá la ocupación rusa de la península y seguirá trabajando para restaurar su integridad territorial por todos los medios disponibles.
La parte ucraniana seguirá utilizando todos los foros internacionales y mecanismos del derecho internacional para lograr la desocupación de Crimea, en particular en todos los ámbitos de la Plataforma Internacional de Crimea. La “cuestión de Crimea” nunca será retirada de la agenda hasta que se restablezca la justicia.
Instamos a la comunidad internacional, a todos los Estados y organizaciones internacionales, a mantener firmemente la política de no reconocimiento respecto de Crimea y de otros territorios temporalmente ocupados de nuestro Estado. No se trata solo de Ucrania, sino de principios fundamentales: el respeto del derecho internacional, de la integridad territorial de los Estados y de la Carta de las Naciones Unidas.
Esto implica abstenerse de cualquier acción que pueda interpretarse como una legitimación de la presencia rusa en la península: el pleno cumplimiento y el fortalecimiento de los regímenes de sanciones, la ausencia de cualquier contacto con las autoridades rusas de ocupación, la inadmisibilidad de visitar los territorios temporalmente ocupados sin el permiso de Ucrania, así como la correcta representación del mapa de Ucrania dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas en los medios de comunicación, publicaciones impresas y recursos en línea. La parte ucraniana reaccionará ante cada caso de violación de la política de no reconocimiento.
El mundo debe aprender la “lección de Crimea”: la falta de una reacción adecuada ante una flagrante violación del derecho internacional solo alienta al agresor a cometer nuevas atrocidades. Hoy, cuando Moscú continúa su agresión y sus crímenes, no puede hablarse de ningún alivio de las restricciones; por el contrario, todas las formas de presión sobre el Kremlin deben intensificarse.
Lo robado nunca ha traído felicidad a nadie; tarde o temprano tendrá que ser devuelto. La historia demuestra que las naciones que no aceptan el robo de sus territorios algún día los recuperan.
Crimea es Ucrania. Sin duda volverá a su hogar ucraniano.