El 10 de febrero, un dron ruso impactó contra una vivienda privada en Járkiv, matando a un padre y a sus tres hijos pequeños. La madre, que está embarazada, fue hospitalizada con quemaduras.
En la noche del 11 de febrero, Rusia mató a una persona e hirió a otras seis, incluidos niños, en la región de Sumy. Un depósito ferroviario en Konotop fue alcanzado, lo que dañó un tren de bomberos. Esta mañana, un dron ruso también atacó un hospital municipal en Zaporiyia. Asimismo, fueron atacadas las regiones de Dnipró, Zaporiyia y Poltava.
Cada ataque ruso demuestra que la diplomacia por sí sola no es suficiente y que solo una presión real sobre Rusia, junto con firmes garantías de seguridad para Ucrania, puede detener las matanzas.
Rusia se está preparando para continuar la guerra. La firmeza salva vidas: mediante el apoyo sostenido a Ucrania, el refuerzo de la defensa aérea, la asistencia para la resiliencia y la rendición de cuentas por los crímenes rusos.